Nació en una caravana de gitanos. Pasó sus primeros años en los caminos de Bélgica, acompañado con el banjo los bailes de un oso y una cabra.
Tenía dieciocho años cuando su carreta se incendió. Quedó más muerto que vivo. Perdió una pierna. Perdió una mano. Adiós al camino, adiós a la música, dijeron los médicos. Pero recuperó la pierna, cuando se la iban a amputar, y de la mano perdida consiguió salvar dos dedos.
Y con eso le alcanzó para convertirse en uno de lo mejores guitarristas de toda la historia del jazz.
Había un pacto secreto entre Django Reinhardt y su guitarra.
Para que él la tocara, ella de daba los dedos que le faltaban.
¿cómo será el futuro? ¿hace 10 años pensaba en como podía ser todo ahora?
En el fondo si, miro este futuro ya pasado y en el fondo todo sigue con esa pátina de no llegar nunca. Un día dentro de 10 años me preguntaré si podría haber previsto todo. Seguramente diré sí. Es tan obvio todo.
En el fondo el futuro nunca llega, ya que todo es pasado.
La calle se ha hundido como la nariz de un sifilítico. El río es voluptuosidad que se prolonga en saliva. Lanzando su ropa interior hasta la última hoja los jardines yacen derrengados obscenamente en junio.
Salgo a la plaza, me pongo en la cabeza la calle ardiente, como una peluca roja.
Los peatones me eluden con temor: en mi boca
agita las piernas un grito a medio masticar.
Pero no oiré un reproche, no escucharé ladridos,
y habrá flores a mis pies como a los de un profeta,
porque ustedes, narices hundidas, lo saben muy bien: yo soy su poeta.
¡Vuestro juicio final me da tanto miedo como una taberna!
Pero tan sólo a mí, a través de edificios en llamas,
me sacarán en andas las prostitutas como a efigie sagrada,
y me mostrarán a Dios en su descargo.
¡Y Dios llorará leyendo mi brevísimo libro! Hecho de temblores en compactado ovillo, no de palabras; y echará a correr por el cielo estrechando mis versos y los recitará a sus amigos conteniendo el aliento.
Maiakovski
El 14 de abril de 1930, a las 10:15 de la mañana Vladimir Maiakovski se pegó un tiro en el callejón de Lubianski con el revólver que le había servido doce años antes para su papel en la película "No nací para el dinero".
Militante bolchevique, a los 13 años lo detienen por primera vez acusado de formar parte de la imprenta clandestina del Partido Comunista. Luego, será detenido otras dos veces, la última en 1909 por organizar una fuga de mujeres encarceladas, por lo que cumple un año de prisión: tenía 17 años.
Jamás comprenderéis por qué yo, tranquilo, entre un vendaval de burlas, llevo en un plato el alma al festín de los años futuros. Por el carrillo rasposo de las calles, resbalando como lágrima inútil, yo, quizá sea el último poeta.
EL intenso romance amoroso con Lili Brik , el viaje a París , conocer a Picasso, su viaje a Estados Unidos marcaran su vida y su poesía en sus años siguientes. Pequeños momentos felices -y amargos- entre la creciente animadversión de cierta parte de la sociedad rusa, y de los primeros desengaños en sus obras literarias, así sus obras de teatro como “Misterio bufo” primero y luego “ La chinche” o “Los baños “ -- no fueron ni comprendidas, ni apoyadas--.Estaba fuera de sitio y de tiempo- las críticas de Trosky hacia su obra, el suicidio del poeta Esenin, comenzaron a minar su, otrora, inquebrantable fuerza. El sentido de que su obra no era entendida, que incluso los comunistas se aburguesaban , se adocenaban en su estética, que no cambiaba el mundo tan rápido como él había querido y previsto, le fueron doblando su carácter. Aceptó cosas que nunca antes lo hubiera hecho.
Ya habían pasado 13 años desde la revolución y se sintió incomprendido, nada es lo que él hubiera querido, se sintió acosado por el mundo : “Cuando haya muerto, leeréis mis versos con lágrimas en los ojos”. Les dice a un masa de estudiantes que lo insultan y atacan. La depresión, la soledad, quizás un amor que no fue, le llevan a Mayakovski a decidir dar final a su vida :
Lo difícil no es morir, sino seguir viviendo.
Fue, acaso, preso de su personaje , de su personalidad, de su imparable fuerza , de sus ganas de cambiar las cosas, de moverse, de ver otro mundo...cuando eso pareció desvanecerse, prefirió poner un pequeño revolver español que usaba en una obra de teatro en la cabeza y disparar..