sinsentido
11:02 PM | Author: MeKa



"El sentido común es esa colección de prejuicios que se adquieren cuando cumples 18"
Albert Einstein
vida
5:36 PM | Author: MeKa



El espacio es revisitable (se puede regresar a un punto ya visitado), por lo que en el espacio existen ciclos; el tiempo no es revisitable (no se puede regresar a un instante ya vivido), por lo que no existen verdaderos ciclos sino tránsitos irreversibles preñados de bifurcaciones.

"Yo, lo superfluo y el error". Jorge Wagensberg





Cada momento es único. Nuestra existencia es una rareza. Nuestro conocimiento, ... un sueño
ventana
4:42 PM | Author: MeKa
De vuelta del Thyssen...

Sólo una pregunta, ¿porqué le tengo tanta manía?....

Me han gustado las ventanas de Matisse. Los colores. Las composiciones imposibles. La música. La imagen.

Siempre que voy a un museo me pregunto ¿cómo será el futuro de estos museos? ¿se perderá la sensibilidad del trazo? ¿la pintura? ¿cómo será el arte del futuro?



Matisse



Bonnard



Caspar David Friedrich





Yo sé
que el tierno amor escoge sus ciudades
y cada pasión toma un domicilio,
un modo diferente de andar por los pasillos
o de apagar las luces.

Y sé
que hay un portal dormido en cada labio,
un ascensor sin números,
una escalera llena de pequeños paréntesis.

Sé que cada ilusión
tiene formas distintas
de inventar corazones o pronunciar los nombres
al coger el teléfono.
Sé que cada esperanza
busca siempre un camino
para tapar su sombra desnuda con las sábanas
cuando va a despertarse.

Y sé
que hay una fecha, un día, detrás de cada calle,
un rencor deseable,
un arrepentimiento, a medias, en el cuerpo.

Yo sé
que el amor tiene letras diferentes
para escribir: me voy, para decir:
regreso de improviso. Cada tiempo de dudas
necesita un paisaje.



Luis García Montero
posesión
12:10 PM | Author: MeKa



L[AGUNA] DE LA POSESIÓN

Nada se penetra, ni átomos ni almas. Por eso nada posee nada. Desde la verdad hasta el pañuelo -todo es imposible. (La propiedad no es un robo: no es nada.)

"El libro del desasosiego". Fernando Pessoa





"la doble vida de Verónica". Krzysztof Kieślowski

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belleza
luna
10:26 PM | Author: MeKa




Sueño de Giacomo Leopardi, poeta y lunático.

Una noche de primeros de diciembre de 1827, en la hermosa ciudad de Pisa, en la calle de la Faggiola, durmiendo entre dos colchones para protegerse del terrible frío que atenazaba la ciudad, Giacomo Leopardi, poeta y lunático, tuvo un sueño. Soñó que se encontraba en un desierto, y que era un pastor. Pero, en lugar de tener un rebaño que lo seguía, estaba cómodamente sentado en una calesa tirada por cuatro ovejas blancas, y aquellas cuatro ovejas eran su rebaño.


El desierto y las colinas que lo circundaban eran de una finísima arena de plata que relucía como la luz de las luciérnagas. Ya había anochecido, pero no hacía frío, es más, parecía una de esas suaves noches de primavera tardía, de manera que Leopardi se quitó el gabán con el que se cubría y lo apoyó en el brazo de la calesa.
¿Adónde me lleváis, mis queridas ovejillas?, preguntó.


Te llevamos de paseo, respondieron las cuatro ovejas, somos ovejas vagabundas.
¿Pero qué lugar es éste?, preguntó Leopardo, ¿dónde estamos?
Luego lo descubrirás, respondieron las ovejas, cuando te hayas encontrado con la persona que te espera.


¿Quién es esa persona?, preguntó Leopardi, me gustaría saberlo.


Ja, ja, rieron las ovejas mirándose entre sí, no podemos decírtelo, tiene que ser una sorpresa.


Leopardi tenía hambre, y le habría gustado tomar algo dulce, un buen pastel de piñones era justamente lo que más le apetecía.


Quisiera un pastel, dijo, ¿no hay ningún sitio en el que pueda comprarse un pastel en este desierto?




Justo detrás de aquella colina, respondieron las ovejas, ten un poco de paciencia.
Llegaron al final del desierto y bordearon la colina, a los pies de la cual había una tienda. Era una hermosa pastelería completamente acristalada y relucía con una luz plateada. Leopardi se puso a mirar el escaparate, sin saber qué escoger. En primera fila estaban los pasteles, de todos los colores y de todos los tamaños: pasteles verdes de pistacho, pasteles rojizos de frambuesa, pasteles amarillos de limón, pasteles rosas de fresa. Detrás estaban los mazapanes, con sus formas divertidas o apetitosas: hechos con manzana y naranja, hechos de cereza, o con forma de animales. Y al final estaban los merengues cremosos y densos, con una almendra encima. Leopardi llamó al pastelero y compró tres dulces: un pastelito de fresa, un mazapán y un merengue. El pastelero era un hombrecillo completamente de plata, con los cabellos níveos y los ojos azules, que le dio los dulces y le regaló una caja de chocolatinas.



Leopardi subió a la calesa y mientras las ovejas reemprendían la marcha él se puso a degustar las exquisiteces que había comprado. La carretera había empezado a empinarse y ahora ascendía por la colina. Y, qué extraño, también aquel terreno relucía, era translúcido y emanaba un resplandor de plata. Las ovejas se detuvieron ante una casita que refulgía en la noche. Leopardi descendió porque comprendió que había llegado, cogió la caja de chocolatinas y entró en la casa. Dentro había una muchacha sentada en una silla que bordaba sobre un bastidor.

Entra, entra, te estaba esperando, dijo la muchacha. Se dio la vuelta y le sonrió, y Leopardo la reconoció. Era Silvia. Sólo que ahora era toda de plata, tenía las mismas facciones de antaño, pero era de plata.


Silvia, querida Silvia, dijo Leopardi cogiéndole las manos, qué dulce es volver a verte, pero ¿por qué eres toda de plata?


Porque soy una selenita, respondió Silvia, cuando uno muere viene a la luna y se transforma de este modo.


Pero ¿por qué estoy yo también aquí?, preguntó Leopardi, ¿acaso estoy muerto?


Tú no eres éste, dijo Silvia, es sólo tu idea, tú permaneces todavía en la tierra.


¿Y desde aquí puede verse la tierra?, preguntó Leopardi.


Silvia lo condujo hasta una ventana donde había un telescopio. Leopardi acercó un ojo a la lente y lo primero que vio fue un palacio. Lo reconoció: era su palacio. Una ventana tenía todavía luz, Leopardo miró a través de ella y vio a su padre, con el camisón puesto y el orinal en una mano, que se dirigía hacia la cama. Sintió una punzada en el corazón y desplazó el telescopio. Vio una torre inclinada sobre un gran prado y, en sus cercanías, una calle tortuosa con un edificio donde se veía una débil luz. Se esforzó por ver a través de la ventana y vio una modesta habitación, con una cómoda y una mesa sobre la que había un cuaderno junto al cual se estaba consumiendo un cabo de vela. Se vio a sí mismo metido en la cama durmiendo entre dos colchones.


¿Estoy muerto?, preguntó a Silvia.


No, dijo Silvia, sólo estás durmiendo y sueñas con la luna.
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Antonio Tabucchi / Sueños de sueños.



Hagamos un trato... que existan ellos... nosotros viviremos.
terminando
7:47 PM | Author: MeKa
y me quedé dormido....




Sueño de Robert Louis Stevenson, escritor y viajero.

Una noche de junio de 1865, cuando tenía quince años, mientras se encontraba en una habitación del hospital de Edimburgo, Robert Louis Stevenson, futuro escritor y viajero, tuvo un sueño. Soñó que se había convertido en un hombre maduro y que se hallaba en un velero. El velero tenía las velas hinchadas por el viento y navegaba a través del aire. Él estaba a cargo del timón y lo pilotaba como se pilota un globo aerostático. El velero pasó sobre Edimburgo, después atravesó las montañas de Francia y comenzó a sobrevolar un océano azul. Sabía que había tomado aquella nave porque sus pulmones no conseguían respirar, y necesitaba aire. Y ahora respiraba perfectamente bien, los vientos le llenaban de aire limpio los pulmones y su tos se había calmado.


El velero se posó sobre el agua y comenzó a avanzar velozmente. Robert Louis Stevenson había desplegado todas las velas y se dejaba guiar por el viento. En un momento determinado vio una isla en el horizonte, y numerosas canoas alargadas, conducidas por hombres oscuros, le salieron al encuentro. Robert Louis Stevenson vio cómo las canoas se ponían a su flanco y le indicaban la ruta a seguir; y mientras lo hacían, los indígenas entonaban cantos de alegría y lanzaban al puente de la nave coronas de flores blancas.






Cuando llegó a cien metros de la isla, Robert Louis Stevenson arrojó el ancla y descendió por una escala de cuerda hasta la canoa principal, que lo esperaba al pie de las amuras. Era una canoa majestuosa, con un tótem gigantesco en la proa. Los indígenas lo abrazaron y lo abanicaban con anchas hojas de palmera, mientras le ofrecían fruta dulcísima.


Esperándolo en la isla había mujeres y niños que danzaban riendo y que le pusieron guirnaldas de flores al cuello. El jefe del poblado se le acercó y le señaló la cumbre de la montaña. Robert Louis Stevenson comprendió que debía llegar hasta allí, pero no sabía por qué. Pensó que con su mala respiración no conseguiría nunca llegar hasta la cumbre, e intentó explicárselo a los indígenas por señas. Pero éstos ya lo habían comprendido y le habían preparado una silla entrelazando juncos y hojas de palmeras. Robert Louis Stevenson se acomodó en ella y cuatro robustos indígenas se colocaron la silla sobre los hombros y comenzaron a ascender hacia la montaña. Mientras subían, Robert Louis Stevenson veía un panorama inexplicable: veía Escocia y Francia, América y Nueva York, y toda su vida pasada que aún debía suceder. Y a lo largo de las laderas de la montaña, árboles benéficos y flores carnosas llenaban el aire de un perfume que le abría los pulmones.


Los indígenas se detuvieron frente a una gruta y se sentaron en el suelo cruzando las piernas. Robert Louis Stevenson comprendió que debía penetrar en la cueva, le dieron una antorcha y entró. Hacía fresco, y el aire olía a musgo. Robert Louis Stevenson avanzó por el vientre de la montaña hasta una habitación natural que lejanos terremotos habían excavado en la roca y de la que colgaban enormes estalactitas. En medio de la habitación había un cofre de plata. Robert Louis Stevenson lo abrió de par en par y vio que dentro había un libro. Era un libro que hablaba de una isla, de viajes, de aventuras, de un niño y de piratas; y en el libro estaba escrito su nombre.
Entonces salió de la cueva, ordenó a los indígenas que volvieran al poblado y ascendió hasta la cumbre con el libro bajo el brazo. Después se tumbó sobre la hierba y abrió el libro por la primera página. Sabía que se iba a quedar allí, en aquella cumbre, leyendo aquel libro. Porque el aire era puro, la historia era como el aire y abría el alma; y allí, leyendo, era hermoso aguardar el final.

Antonio Tabucchi / Sueños de sueños.




¿acaso te duermes?
temblor
3:52 PM | Author: MeKa


La eternidad del instante, el secreto de la felicidad.
revisitar
10:54 PM | Author: MeKa
editado por eliminación de ruido
alicia
10:41 PM | Author: MeKa
¿También hoy es tu no-cumpleaños?... ¡¡Qué pequeño es el mundo!!




"But I don't want to go among mad people," Alice remarked.
"Oh, you can't help that," said the Cat: "we're all mad here. I'm mad. You're mad."
"How do you know I'm mad?" said Alice.
"You must be," said the Cat, "or you wouldn't have come here."


("Pero yo no quiero estar entre locos", Alicia remarcó.
"Oh¡ No puedes evitarlo", dijo el gato: "todos estamos locos aquí. Yo estoy loco. Tú estás loca."
"¿Cómo sabes que estoy loca?, dijo Alicia.
"Debe ser eso, dijo el gato, si no fuera así no habrías venido".)




Tim Burton y Alicia en el País de las Maravillas, dicen que va a ser un buen 2010.